DIA 1
La asclepias crece rápidamente, solo necesita riego y sol. Se yergue vigorosa y pujante. Todas las mañanas me acerco a la maceta. Reviso sus hojas cuidadosamente, con el detenimiento de una taxidermista. Pronto aparecen las primeras flores, como diminutos corazones rojos que dejan entrever minúsculos pétalos amarillos. La planta es pequeña aún, parece un David determinado a enfrentar la voracidad y el acecho de Goliat enmascarado en cientos de monstruosas criaturas malvadas y hambrientas.
Decido cambiarla a una maceta más grande, su crecimiento es constante. Cada día que pasa saca nuevas hojas, su tallo crece y se hace más grueso. El tallo y sus hojas están llenos de pequeños insectos y larvas de gusanos. Me pregunto si podrá soportar las agresiones de la naturaleza, o si todo forma parte del "gran plan", cuyo objetivo final me es ajeno. Sólo quiero tener mis mariposas y cuidar su "santuario", mis asclepias.
Una mañana, como un prodigio natural, algo absolutamente inexplicable, aparece una mariposa en mi jardín repleto de variedades de plantas y de arbustos. Pero la mariposa, se posa directamente en la asclepias, como si hubiera un llamado poderoso, un Gjallarhorn que lanza un grito fuerte avisando que la flor está fecunda. Permanece quieta algunos segundos, con sus alas abiertas sobre los pétalos y luego se aleja,

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