Por ahora son orugas laboriosas e insaciables, pero no sé si llegarán a lograrlo...El tiempo no ayuda, las noches comienzan a ser más frías en este Buenos Aires que aún conserva las mañanas y los mediodías cálidos.
Algunas se han esfumado, no sé si han muerto devoradas por algún insecto (arañas, avispas, abejas...), o algún pájaro, de los muchos que andan por mi jardín (benteveos, zorzales pecho colorado, torcacitas, cotorras...), atraído por sus colores brillantes, haya decidido su menú con mis orugas.
He decidido que las voy a proteger a la noche con un velo. La naturaleza de mi jardín se ha vuelto un poco hostil para mis oruguitas. Ya quedan pocas. Pero su entereza es addmirable.
Muchos artistas (poetas, pintores, escritores...), han dedicado alguna obra para hablar de las mariposas. Todos ellos se sienten atraídos por sus transformaciones, por su metamorfosis increible, su gran hazaña. Seguramente estoy transitando esas mismas emociones. Recordarme siempre que volar es posible y que el camino de la mariposa para lograrlo es arduo y complicado, sin embargo lo intenta.
Para quitarme la ansiedad, recurro al "abrazo de la mariposa", con mis manos en el pecho imito sus alas y su aleteo, cierro los ojos e imagino un cielo azul que puede contenerme.

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